Confesión Primera:

Tenía una chica preciosa, simpática, agradable... rendida a mis pies (en más de una ocasión literalmente). Habiamos conectado sexualmente como nunca con nadie. Sexo por sexo. Sin complicaciones, sin exigencias, sin preguntas. Sólo sexo sin ataduras... o eso pensaba yo.

En más de una ocasión hablamos del tema. "Niña, es sólo sexo, lo sabes, verdad?" (tengo la costumbre de llamar niña a mis amigas, no se muy bien porqué, aunque sean mayores que yo). Y ella decía que sí, que lo tenía claro...

Hoy se que no, que no lo tenía tanto...
Y de tenerla a mis pies pasé a sentirla a mi espalda, como mi sombra. Sintiéndome incómodo a cada paso que daba, notándome observado por sus ojos... sus preciosos ojos miel. Viendome analizado cuando sacaba a bailar a cualquiera... a su prima...
Su prima: una morena impresionante que con el paso de los días me fue engatusando, sin quererlo (ella)...

Y llegamos a hoy. Ella se lia con otro en mis narices y siento celos. Celos de no tenerla. Pero no quiero tenerla. Celos de que esté con otro. Sin querer que esté conmigo... soy un egoista. Pero creo que como todos...

Sabemos lo que queremos y lo valoramos cuando lo hemos perdido...